La industria automotriz está llena de proyectos que prometieron cambiarlo todo y terminaron enterrados bajo pérdidas millonarias. No hablamos solo de autos feos o mal vendidos, sino de apuestas que arruinaron fortunas, hundieron marcas enteras y se convirtieron en advertencias eternas dentro del negocio.

Desde un superdeportivo con puertas de ala de gaviota hasta un SUV que la propia General Motors terminó cancelando antes de tiempo, estos cinco casos son la prueba de que ni el diseño más ambicioso ni el marketing más agresivo pueden salvar un mal cálculo. Aquí están los fracasos automotrices más costosos y ridículos jamás registrados.

1. DeLorean DMC-12 del 1981

Con su carrocería de acero inoxidable sin pintar y sus icónicas puertas de ala de gaviota diseñadas por Giorgetto Giugiaro, el DMC-12 parecía salido del futuro. John DeLorean lo vendió como el superdeportivo que revolucionaría la industria, con una cabina futurista para su época y un concepto que décadas después se volvería objeto de culto gracias al cine.

La realidad mecánica fue decepcionante: un motor V6 PRV de apenas 130 caballos de fuerza y 153 libras pie de torque, insuficiente para la imagen deportiva que prometía la carrocería. Entre errores de producción, sobrecostos y el escándalo judicial que envolvió a su fundador, la compañía se declaró en bancarrota en 1982 tras fabricar poco más de 8,500 unidades.

2. Pontiac Aztek del 2000

El Aztek llegó con un diseño angular y asimétrico que buscaba fusionar un SUV con un crossover deportivo, además de una carpa desmontable y un sistema de cámping integrado que en teoría lo hacían único en su segmento. General Motors apostó fuerte por su factor sorpresa, convencida de que la audacia visual se traduciría en ventas.

El mercado no perdonó ese diseño polarizante: frente a una proyección de 75,000 unidades anuales, el Aztek jamás superó ese número en ningún año de su ciclo de vida, acumulando apenas 120,000 unidades en todo su recorrido con un motor V6 de 3.4 litros y 185 caballos de fuerza. Su fracaso comercial se considera hoy uno de los factores que aceleraron la desaparición total de la marca Pontiac en el 2010.

3. Fiat Multipla del 1998

El Multipla rompió todas las reglas del diseño convencional con una configuración de seis asientos en dos filas de tres, un parabrisas doble y una silueta que ningún otro fabricante se atrevió a copiar. Fiat lo promocionó como una solución de espacio ingeniosa para familias europeas, con una cabina inusualmente panorámica para su tamaño compacto.

Esa originalidad se convirtió en su condena: la crítica especializada lo calificó repetidamente entre los autos más feos jamás fabricados, y las ventas nunca despegaron fuera de mercados muy específicos. El rediseño posterior, que buscó «normalizar» su aspecto, terminó por diluir lo único que lo hacía memorable, sellando su lugar como una rareza costosa y mal comprendida.

4. Cadillac Cimarron del 1982

El Cimarron nació como el intento de Cadillac de competir en el segmento compacto de lujo durante la crisis del petróleo, ofreciendo el prestigio de la marca en una carrocería más pequeña y económica. Su cabina incluía cuero y detalles cromados para justificar un precio muy por encima de su plataforma real.

El problema fue que ese vestido de lujo cubría, casi sin disimulo, la misma plataforma compacta que usaban modelos mucho más baratos de la casa, con un motor modesto que decepcionó a los clientes que esperaban la potencia típica de un Cadillac. La crítica lo señaló de inmediato como una traición a la marca, y hoy se le recuerda como el mayor tropiezo de imagen en la historia de Cadillac.

5. Yugo GV del 1985

El Yugo GV llegó a Estados Unidos con la promesa de ser el auto nuevo más barato del mercado, un hatchback compacto fabricado en Yugoslavia que apostaba todo a un precio de entrada imbatible. Su cabina austera y su tamaño diminuto lo hacían fácil de estacionar en cualquier ciudad congestionada.

Bajo el capó escondía un motor de apenas 1.1 litros y 55 caballos de fuerza, insuficiente incluso para incorporarse a una autopista con seguridad, además de problemas de calidad de ensamblaje que se volvieron leyenda casi de inmediato. Con el tiempo, el nombre Yugo se transformó en sinónimo universal de mal auto, un ejemplo clásico de cómo el precio bajo puede costar carísimo en confiabilidad.

Yuniet Blanco